<< Metro Bilbao

Estaciones para visitar

Metro Bilbao ofrece un paisaje bajo tierra y sobre ella digno de visitarse. El diseño y arquitectura de las estaciones en caverna lo realiza el equipo de Norman Foster. Lo hace con originalidad, sencillez y eficacia.

Estaciones subterráneas

La idea de Norman Foster de hacer de la caverna el “corazón” del sistema se traduce en la excavación de un gran volumen único. Estas estaciones se componen de una gran galería basilical y colgada de ella dos mezzaninas o plataformas de distribución de los viajeros, resueltas en acero inoxidable resistente al fuego. Estas plataformas conectan con los andenes por medio de unas escaleras imperiales y por medio de un pasillo exento, con las escaleras mecánicas de entrada y salida. Los elementos de mantenimiento como ventilación, cables, conductos de agua, etc. se encuentran bajo los andenes.

La preocupación fundamental de Foster ha sido resolver los temas de comunicación, articulando los diferentes polos de actividad e integrando los lugares con los medios que la tecnología ha puesto en sus manos.

Utiliza Foster en Bilbao sólo tres materiales: el hormigón, el acero inoxidable y el vidrio. Otros elementos existentes corresponden a equipos de superestructura que no dependen del arquitecto.

Todas las superficies de los espacios abiertos al público están terminadas en hormigón visto arquitectónico, resuelto en placas moduladas de 240 × 120 cm. Prefabricadas y utilizadas como encofrado perdido del revestimiento de hormigón bombeado.

La referencia de juntas longitudinales y transversales marcan un ritmo dinámico. El carácter colgante de las plataformas rompe la pesada sensación que toda caverna, con su carácter de catacumba, produce.

Cada caverna-estación comenzaba a construirse siguiendo el método austríaco, perforando una galería piloto de unos 35 m2, que a modo de sondeo a gran escala permitía identificar las irregularidades detectada en el macizo rocoso y daba la pauta para la ejecución de las diferentes fases.

Tras la galería piloto se perforaban a cada lado “las orejas” que daban forma al arco superior y se sostenía con cerchas. Las fases siguientes, zanjón central, riñones y contra bóveda daban forma a la excavación definitiva.

Las estaciones acogen las áreas de servicios y dependencias de explotación del metro, así como las vías y los sistemas de control de tráfico ferroviario. Los andenes son, asimismo, una gran galería de servicios.

Cuando la estación se construye en zona donde no hay roca, como San Inazio y Sarriko, la estación es de tipo caja, con paredes verticales y cubierta plana.

Las entradas y salidas están realizadas como cañones elípticos de hormigón, lo que permite frente a los accesos circulares habituales más espacio sobre la cabeza del usuario de la escalera mecánica. Al llegar a la calle estos cañones de acceso pasan de hormigón a vidrio, constituyéndose a partir de la intersección de la elipse con el plano de la calle, en un edículo de vidrio, los llamados “fosteritos”. Su forma no sólo permite la luz del día sobre las escaleras, sino que anuncia esa figura elíptica, de estilo barroco, que nos cubre a lo largo de todo el recorrido “clasicista” hacia los cuatro o cinco coches del metro.

Todas las estaciones cuentan con ascensores para personas mayores y discapacitadas, que han sido instalados en unos pozos perforados al efecto. La más espectacular, utiliza un pozo de más de 50 metros de profundidad y comunica la zona de Begoña con la estación de Casco Viejo.

Estación de Sarriko

Es la estación más espectacular, con su amplia cristalera y su enorme mezzanina de distribución, que vista desde la entrada parece la bodega de un barco y desde los andenes una especie de ciempiés. Merece la pena utilizar el ascensor y las escaleras mecánicas para observar la estación en su plenitud.

Espectacular donde las haya, la impresionante estación de Sarriko, a excepción de las demás que se realizaron con tuneladora, fue creada mediante un falso túnel de 20 metros de profundidad.

Se origina y diseña como consecuencia de un problema práctico, el gran desnivel de la plaza en superficie (alrededor de seis metros) y la mala calidad de la roca.

Se realizó una excavación total, un vaciado del volumen completo, que Foster aprovechó para construir la estación a modo de un gran “puzle” de piezas prefabricadas, que permiten el paso de luz casi cenital, lo que hace que se ilumine con luz natural toda la estación.

La estación de Sarriko, tiene la escalera más larga de Metro Bilbao, con 16,5 metros de longitud. La mezzanina está sujetada con estructuras de hormigón. Debido a sus características y sobre todo al diseño de estas estructuras, la estación de Sarriko ha sido popularmente bautizada con varios nombres como “La araña” o “El ciempiés”.

El fosterito de la entrada, por sus dimensiones es conocido en esta ocasión como “fosterazo”, ya que es el más grande diseñado por Sir Norman Foster.

En 1998, Metro Bilbao recibió el Premio Brunel de Arquitectura ferroviaria en su globalidad y a la estación de Sarriko en particular.